Memoria, presente y futuro compartido: la visita de las Hermanas a Mater

Los días 4 y 5 de febrero,
Mater abrió puertas y corazón
para vivir unas jornadas muy especiales
con la visita de más de 30
Hermanas FranciscanasHijas de la Misericordia‘.

Un encuentro abierto
a todas las hermanas de la Congregación,
impulsado por la Superiora General,
Alicia García,
con el objetivo de compartir
y conocer de cerca
el presente de Mater,
pero que acabó convirtiéndose en mucho más: 
un espacio de reencuentro profundo
con la historia, las personas y el sentido de la obra.

Miércoles día 4: contar el presente desde la raíz

La primera jornada
comenzó en Centro Mater
con una presentación en la Sala de Formación
que sirvió para abrir oficialmente el encuentro. 
Alicia García,
superiora general de la Congregación y
presidenta del Consejo de Administración de Mater,
dio la bienvenida a las hermanas,
poniendo palabras al sentido de estos dos días
y recordando el vínculo profundo
que une a la Congregación y Mater
desde sus inicios hasta hoy.

A continuación, la directora general, 
Maria Antònia Fullana,
junto con los directores y directoras de área,
explicaron el proyecto actual de Mater:
qué se hace, cómo se hace y hacia dónde camina la organización,
siempre desde el compromiso con las personas,
la comunidad y los valores que son su fundamento.

Para hacer este relato todavía más cercano,
la voz pasó a algunas de las personas
protagonistas de buenas prácticas
compartidas meses atrás.

Buenas prácticas: historias que nos acercan a la realidad del día a día en Mater

Victòria detalló los cambios
que se están impulsando dentro de la Cocina,
con el objetivo de mejorar la experiencia gastronómica
de las personas que comen allí cada día.

Magdalena relató su viaje a Madrid,
donde participó en una charla
sobre violencia de género
y discapacidad,
una experiencia
vivida con orgullo y empoderamiento.

Luis Illescas compartió su proceso vital,
un camino hecho de esfuerzo y constancia
que le ha llevado a alcanzar la autonomía
que tanto deseaba.
Hoy, gracias al servicio de Apoyo a la Vivienda,
y a la Fundación Mater
puede disfrutar de una vida independiente
con los apoyos puntuales que necesita.

Finalmente, Patricia Cornide 
presentó el nuevo modelo de atención residencial
impulsado en la Residencia Virgen de la Esperanza,
un proyecto innovador
que permite la cohabitación de personas mayores
con y sin discapacidad 
dentro de un mismo recurso residencial,
promoviendo convivencia, inclusión y vida compartida.

Durante esta primera franja de la mañana,
el equipo de Cocina preparó un coffee break 
con cafés, infusiones, zumos
y unos invitados muy especiales:
los tradicionales “conillets”,
crespells tan propios de la Congregación,
que solo con olerlos ya despertaban recuerdos y complicidades.

Un recorrido por todas las instalaciones

La segunda franja de la mañana
fue un recorrido
por todas las instalaciones del Centro Mater.
Ir pasando por los espacios,
ver in situ la escuela,
el centro de día,
la cocina o la residencia
es siempre una experiencia sobrecogedora,
pero aquel día lo fue de una manera muy especial.
Cada paso activaba recuerdos,
cada espacio evocaba historias
vividas años atrás.

Para muchas de las hermanas,
aquel no era un lugar nuevo.
Era un espacio conocido,
pisado décadas atrás,
cuando Mater apenas comenzaba a caminar.
Algunas habían trabajado allí hace veinte,
treinta, cuarenta o incluso cincuenta años,
y volver fue como abrir una caja llena de memoria.

Los espacios habían cambiado, sí, pero el alma era la misma.

El recorrido también fue escenario
de momentos muy esperados.
Antiguas compañeras de trabajo
se reencontraron después de mucho tiempo,
y los abrazos
—largos, sentidos,
cargados de todo aquello que no hace falta decir—
dijeron mucho más que las palabras.

También hubo momentos especialmente emotivos
cuando las hermanas reconocían
a personas usuarias que habían visto crecer
o con las que habían compartido veranos en los Campamentos
de la Colonia de Sant Jordi.

Entre miradas llenas de emoción,
sonrisas y anécdotas,
aquella vuelta por el centro
se convirtió en mucho más
que una visita guiada.
Fue un viaje compartido
entre pasado y presente,
una confirmación de que el tiempo ha pasado,
pero que los vínculos creados permanecen intactos.

Jueves día 5: Un territorio transformado, una esencia intacta

El segundo día fue
para conocer
los proyectos que tiene Mater
más allá del centro en Son Gotleu: 
Santa Eugènia, Sineu, Ariany,
Can Boqueta y Mater s’Àngel (Inca).
Un viaje que permitió ver
cómo los antiguos conventos
se han transformado en viviendas, hoteles o restaurantes,
respondiendo a nuevas realidades,
pero sin perder nunca
la vocación social que les da sentido.

En Sineu,
las hermanas encontraron un centro lleno de vida,
un auténtico laboratorio social
en el corazón del Pla de Mallorca.
El aula polivalente
se transformó en un espacio
donde las personas usuarias explicaban su día a día,
mostrando con orgullo todo lo que hacen.

En Ariany,
pudieron ver cómo el antiguo convento
se ha convertido en un hotel acogedor de 11 habitaciones,
donde pasado y presente conviven en armonía.

En la granja de Can Boqueta,
la sorpresa fue mayúscula
ante la cantidad de gallinas y huevos que,
día tras día, los operarios recogen y distribuyen
por toda la isla,
haciendo visible otra manera
de trabajar con impacto social.

La última parada fue en Mater s’Àngel,
donde compartieron el plato del día del restaurante
—una paella que ya es toda una institución—
y pudieron redescubrir un espacio cargado de significado,
ya que aquel edificio había sido,
tiempo atrás, casa de las Hermanas.

El momento más íntimo: poner palabras a todo lo vivido

Después de comer,
sentadas todas alrededor de una mesa larga,
llegó el momento más íntimo.
El de poner palabras a todo lo vivido.
Hermanas y profesionales de Mater
compartieron recuerdos, emociones y silencios.
Algunas voces temblaban.
Otras reían mientras se secaban las lágrimas.

Aquellos dos días fueron
una expresión viva de un camino compartido
que viene de lejos y sigue muy presente.

Las Hermanas Franciscanas ‘Hijas de la Misericordia’
no solo forman parte de la historia de Mater
son raíz, guía y compromiso activo.
Como propietarias de la entidad
y desde la responsabilidad institucional
que asume la superiora general
como presidenta del Consejo de Administración,
su vínculo con Mater es constante, cercano y profundo.

Ver crecer la obra,
transformarse y adaptarse a los nuevos tiempos,
sin perder nunca lo esencial,
fue motivo de emoción compartida.
Porque los espacios pueden cambiar
y los proyectos evolucionar,
pero el espíritu que dio origen a Mater
—el de la misericordia hecha acción,
el acompañamiento
y la dignidad de cada persona— 
sigue muy vivo.

Y en aquellas miradas cruzadas,
en cada abrazo
y en cada recuerdo compartido,
todas lo sintieron: 
Mater es presente, es futuro
y es, hoy como ayer,
una obra construida juntas.

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