Compartimos vida, creamos vínculos: una jornada de familias para recordar

Más de un centenar de personas
vinculadas a la Fundación Tutelar de Mater,
entre personas usuarias,
familiares y profesionales,
se reunieron en el Santuario de Lluc
para disfrutar de una jornada llena de actividades,
reencuentros y momentos compartidos.

Un encuentro que, bajo el lema
«Compartimos vida, creamos vínculos»,
permitió a los participantes
dejar a un lado las rutinas del día a día
y dedicar tiempo a lo que más importa:
estar juntos, compartir experiencias
y seguir construyendo comunidad.

¡Una aventura para descubrir Lluc… y seguir creando vínculos!

Después de la bienvenida,
¡llegó el momento de ponerse en marcha!

Organizados en diferentes grupos,
los participantes iniciaron
una yincana por los alrededores del monasterio,
con pruebas y desafíos
que les invitaban a explorar
este lugar tan emblemático de Mallorca.

Cada reto se convirtió
en una oportunidad para colaborar,
poner a prueba las propias capacidades
y descubrir las habilidades de los demás
.

Entre risas, complicidades
y pequeñas aventuras,
los equipos fueron superando
las diferentes actividades,
demostrando que, cuando se suman esfuerzos,
los retos se transforman
en experiencias compartidas.

Más allá de descubrir
los rincones de Lluc,
esta dinámica permitió
conocerse mejor,
fortalecer las relaciones
y crear nuevos vínculos

en un ambiente distendido y participativo.

Una mesa compartida y una sobremesa llena de vida

Después de una mañana muy entretenida,
los diferentes grupos se reencontraron
en el espacio de l’Acolliment,
donde ya les esperaban las mesas preparadas
y una deliciosa paella
lista para servir.

Antes de empezar a comer,
un sacerdote del Santuario de Lluc
bendijo la mesa
con una oración muy animada,
que dio paso a uno de los momentos
más esperados de la jornada:
sentarse juntos y disfrutar
de una buena comida en compañía.

La celebración continuó
con una sobremesa llena de conversaciones,
risas y buen ambiente
,
durante la cual los participantes
pudieron poner en común
todo lo que habían aprendido y vivido
a lo largo de la yincana.

Fue el broche perfecto
para un día en el que no faltaron
las ganas de participar,
la alegría y, sobre todo,
el sentimiento de pertenencia
a una gran comunidad.

Porque compartir vida también es esto:
encontrar tiempo para escucharse,
descubrirse desde otra mirada
y construir recuerdos que acercan a las personas.

Desde Mater, se quiere agradecer
a todas las personas participantes
y al equipo organizador

su implicación y entusiasmo,
que hicieron posible
una jornada tan especial.

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