El pasado lunes, 4 de mayo,
Mater celebró
el Día de la «Madre de la Misericordia»,
una de las fechas más significativas
para toda la comunidad de la entidad.
Una jornada especial para recordar
el sentido profundo de nuestro nombre,
Mater Misericordiae,
y renovar el compromiso con un valor
que forma parte de nuestra identidad,
de nuestro carisma
y de nuestra manera de acompañar:
la misericordia.



La celebración
comenzó a las 10:00 horas,
en el Patio de Pinos
de Centro Mater,
con un pregón de inicio muy especial,
a cargo de
personas usuarias del Servicio Ocupacional
y de la hermana franciscana Catalina Rosselló.





Sus palabras dieron paso a
una mañana llena de actividades,
convivencia y participación,
en la que se hizo visible
el espíritu que nos une como comunidad.
Desde ese primer momento,
la jornada se vivió como una oportunidad
para compartir tiempo, alegría
y encuentro
entre personas usuarias, profesionales,
hermanas franciscanas
y todas aquellas personas
que forman parte de Mater.
Fue un día para celebrar juntos/as,
pero, también,
para agradecer el camino compartido
y reconocer la fuerza de los pequeños gestos
que hacen presente la misericordia
en nuestra vida cotidiana.
La misericordia
no es solo un sentimiento puntual
ni un gesto aislado.
Es una actitud profunda ante la vida:
saber mirar al otro con respeto,
con empatía y con una voluntad sincera
de acompañar, comprender
y ayudar.
En Mater,
esta mirada nace
del carisma de las hermanas
Franciscanas «Hijas de la Misericordia»
y se concreta, cada día,
en el acompañamiento a las personas
y a sus familias,
en la atención cercana,
en el respeto a los ritmos individuales
y en la construcción de oportunidades
para que cada persona
pueda desarrollar su proyecto de vida.
Con este espíritu,
el Día de la Misericordia se convirtió
en una celebración viva y compartida.
Los distintos espacios de Centro Mater
acogieron propuestas pensadas
para disfrutar, participar
y reforzar los vínculos
que nos unen como organización.
En el Espacio Joven,
el karaoke llenó el Salón de Actos
de música, espontaneidad y sonrisas,
mientras el Taller de Mocktails ofreció
un espacio creativo y distendido.






En el Patio de Pinos,
la música y el ball de bot
aportaron ritmo, tradición
y ambiente festivo
a una mañana marcada
por la alegría de estar juntos/as.






También hubo tiempo
para la creatividad y la expresión personal
a través de los talleres de chapas,
pulseras, flores recicladas y llaveros,
que permitieron compartir habilidades,
conversar y disfrutar del valor
de hacer cosas en común.









La Sala de Formación acogió
el cuentacuentos Forques de Dimoni,
una propuesta que invitó
a imaginar, escuchar y dejarse sorprender.




Al mismo tiempo,
en el Patio de Básquet,
los juegos populares recuperaron
ese espíritu sencillo y cercano
de las celebraciones compartidas,
donde lo importante no es competir,
sino participar y disfrutar.


La jornada contó, además,
con propuestas pensadas
para despertar la curiosidad
y vivir nuevas experiencias,
como el espacio «Toca-toca»,
ubicado en la zona de césped
del acceso a la piscina.
Allí, las personas participantes
pudieron acercarse a
una actividad diferente,
vivida desde la sorpresa, la atención
y el encuentro.


La dimensión solidaria
también estuvo muy presente
a través de la Cantina
y del photocall solidario
a beneficio de los proyectos de MISOL.
Porque la misericordia
también se expresa
en la apertura a otras realidades
y en el compromiso con quienes más lo necesitan.





En este sentido,
toda la recaudación de la Cantina–
a excepción del Plato del Día–
se destinó a la puesta en marcha de
la iniciativa «Proyectando sonidos y colores inclusivos»,
del Centro de Educación Inicial y Especial San Francisco de Assís,
en El Alto, Bolivia.
Un gesto que conectó
la celebración de Mater
con la misión compartida de
las hermanas Franciscanas «Hijas de la Misericordia»
y con una forma concreta
de hacer presente la solidaridad
más allá de nuestro entorno más cercano.
Esta jornada fue posible
gracias a la implicación de muchas personas,
especialmente de los y las profesionales,
que participaron en la preparación
y dinamización de las actividades.
Su dedicación, creatividad
y disponibilidad
hicieron posible una celebración
cuidada, participativa
y llena de sentido.
Celebrar el Día de la Misericordia es
recordar de dónde venimos,
valorar el camino recorrido
y renovar la voluntad de
seguir sembrando este valor
en cada pequeño gesto.
Para Mater, la misericordia
es mirada atenta, presencia discreta,
compromiso cotidiano
y capacidad de caminar junto al otro
con ternura, profesionalidad
y esperanza.
La jornada finalizó
sobre las 12:30 horas,
después de una mañana intensa,
participativa y llena de vida.
Una celebración que volvió a demostrar
que la misericordia
no es solo una palabra que nos identifica,
sino una manera de ser y de hacer,
nacida de un carisma que se expresa
en la convivencia, en el cuidado,
en la alegría compartida
y en el compromiso de
seguir construyendo comunidad.