El primer «Campamento de verano» inclusivo de Mater deja huella

Hay experiencias
que duran unos días,
pero que dejan recuerdos durante mucho tiempo.
El primer «Campamento de verano» inclusivo de Mater es una de ellas.

A principios de agosto,
una veintena de niños, niñas y jóvenes
han hecho las maletas
para vivir unos días diferentes
en la Casa de Colonias Sant Francesc d’Assís,
en la Colònia de Sant Jordi.
Por delante les han esperado el mar,
los juegos, las actividades,
muchos momentos compartidos y,
en algunos casos,
también un reto importante:
pasar por primera vez
más de un día lejos de la familia.

Ha sido la primera edición
de un campamento planteado desde la inclusión:
un espacio de ocio compartido
por niños, niñas y jóvenes con y sin discapacidad,
donde cada persona ha podido participar,
disfrutar y formar parte del grupo
con los apoyos que ha necesitado.

Una aventura para todos

Durante el campamento,
los días se han llenado de propuestas muy diversas.
Ha habido salidas a la playa,
paseos junto al mar,
juegos de mesa,
actividades musicales,
modelado con barro
o grandes murales elaborados con pintura comestible,
entre muchas otras experiencias.

Pero lo más importante
no ha sido tanto qué se ha hecho,
sino cómo se ha hecho.

Las actividades se han pensado y adaptado
para que todo el mundo pudiera participar.
Niños, niñas y jóvenes, profesionales y personas voluntarias
han compartido los mismos espacios,
los juegos y las experiencias,
generando de manera natural
momentos de complicidad, conexión y convivencia.

Esto ha permitido
que cada participante
haya podido vivir el campamento
a su manera:
descubrir cosas nuevas,
relacionarse con otras personas,
tomar pequeñas decisiones,
ganar autonomía o, sencillamente,
disfrutar de unos días diferentes en buena compañía.

Cada persona, a su ritmo

Uno de los principales valores del campamento
ha sido la atención individualizada.

Un amplio equipo de profesionales
y personas voluntarias
ha permitido ofrecer los apoyos necesarios
en cada momento
y adaptar la experiencia
a las características de cada niño, niña o joven.

Esta flexibilidad
también se ha aplicado a la duración de la estancia.
Para algunos participantes,
ha sido la primera vez
que han dormido fuera de casa durante más de una noche.
En estos casos,
se ha ofrecido una versión más corta del campamento,
con menos pernoctaciones,
para que esta primera experiencia
se haya podido realizar de manera progresiva
y respetando el ritmo de cada persona.

Un gran equipo detrás de cada aventura

Si algo ha caracterizado esta primera edición
ha sido también la gran implicación del voluntariado.

Jóvenes procedentes de los Centros Sant Francesc d’Assís
y de otros centros educativos
han compartido estos días con los participantes,
sumándose a un equipo amplio y diverso
de personas con muchas ganas de acompañar,
ayudar y vivir la experiencia.

También varios profesionales de Mater
han querido formar parte de ella:
miembros del equipo técnico de Educación
se han convertido en monitoras del campamento
y personas del Equipo Directivo
han echado una mano en la cocina,
entre otros ejemplos.

Una implicación
que ha permitido reforzar el acompañamiento,
pero que también ha generado
algo difícil de planificar sobre el papel: vínculos.

Porque en un campamento
todo el mundo acaba compartiendo algo.
Una conversación, una risa, un juego,
un paseo, un momento de cansancio,
un nuevo descubrimiento o una mano cuando hace falta.

Mucho más que unos días fuera de casa

El «Campamento de verano» inclusivo
ha nacido con la voluntad
de ampliar las oportunidades de ocio
de los niños, niñas y jóvenes
y facilitar que
experiencias tan habituales durante la infancia y la adolescencia
como ir de campamento
sean accesibles para todo el mundo.

Al mismo tiempo,
la estancia ha supuesto también
un apoyo importante para las familias.
Durante unos días,
los niños, niñas y jóvenes
han podido disfrutar de una experiencia propia,
en un entorno seguro y acompañados,
mientras sus familias
han dispuesto de un espacio de respiro.

Esta primera edición
nos ha dejado imágenes de playa,
manos llenas de pintura y barro,
juegos, paseos, risas y muchas primeras veces.

Pero nos ha dejado, sobre todo,
la certeza de que cuando ponemos los apoyos necesarios
y creamos espacios pensados desde la diversidad,
cada persona puede encontrar
su manera de participar, compartir y disfrutar.

El primer Campamento de verano de Mater ya ha terminado,
pero la aventura ha dejado huella. 💙

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